Coyotes en reservas naturales: entre reproducción y estigmas

Jesús Álvarez1, Jorge Servín2 y Carolina Valdespino3

Los coyotes ocupan un lugar incómodo en el imaginario colectivo y con frecuencia se perciben como un problema. Sin embargo, tienen un papel fundamental en los ecosistemas, tanto por el control de las poblaciones de sus presas como en la dinámica de la vegetación.

“Los coyotes tienen el don de rara vez ser vistos; habitan en el borde de la visión y más allá. Por la noche, cuando el mundo entero les pertenece, sus voces están llenas de autoridad y reproche.”

— N. Scott Momaday, House Made of Dawn (traducción propia)

Coyotes y estigmas

Los coyotes (Canis latrans) suelen ocupar un lugar incómodo en el imaginario colectivo y con frecuencia se les percibe como un problema. Su mala reputación está alimentada por encuentros cada vez más frecuentes con personas, daños al ganado y su reciente presencia en entornos urbanos. Es en estos casos donde la ciencia se empobrece: cuando una especie es vista únicamente como un problema, se prioriza el conocer cómo controlarla, se normaliza la intervención, por ejemplo, mediante la caza, y se asume que, como es “común”, no necesita atención, y como es “adaptable”, siempre “estará bien”. Bajo esta lógica, se pierde el interés por comprender sus procesos ecológicos y fisiológicos, así como los límites reales de sus poblaciones.

Coyotes en reservas naturales: ¿por qué importan?

Los coyotes tienen un papel fundamental en los ecosistemas, ya que participan activamente en el control de las poblaciones de animales que consumen como presas y en la dinámica de la vegetación, por ejemplo, como dispersores de semillas. Se encuentran en una amplia variedad de hábitats, desde reservas naturales protegidas hasta zonas urbanas, lo que refleja su gran capacidad de adaptación.

Por otra parte, las reservas naturales ofrecen una oportunidad única para estudiar y comprender procesos ecológicos completos, y no solo la presencia de las especies. En estos espacios es posible observar la conducta, el estrés y la reproducción en condiciones relativamente estables, algo difícil de lograr en paisajes altamente transformados. Aunque existen numerosos estudios sobre coyotes, muchos se han realizado en zonas ganaderas, agrícolas, áreas periurbanas o contextos de conflicto con humanos. En contraste, hay menos investigaciones en reservas bien conservadas, donde es posible entender cómo deberían funcionar sus poblaciones en ausencia, o con menor influencia, de presiones humanas directas.

Fisiología reproductiva: cuando el cuerpo habla

La fisiología reproductiva ofrece pistas sobre cómo los coyotes interactúan con su ambiente y ajustan su ciclo de vida. Los coyotes son monoestricos, es decir, se reproducen de forma estacional, con un único ciclo reproductivo anual, cuyo inicio y duración pueden variar según la localización latitudinal, el fotoperiodo (número de horas de luz y de oscuridad durante el día) y otros factores ambientales. Las variaciones en las concentraciones de hormonas esteroides sexuales, como testosterona, estradiol y progesterona, son un reflejo de estos periodos y pueden monitorearse mediante el análisis de sus metabolitos en las excretas.

Para poder conocer y comprender la fisiología reproductiva de los coyotes, realizamos un estudio con una población silvestre en la Reserva de la Biosfera La Michilía, en el estado de Durango, durante el año 2024. Para esto, recolectamos excretas frescas a partir de las cuales analizamos las concentraciones de hormonas sexuales mediante métodos de inmunoanálisis. Ésta es una metodología no invasiva que nos permitió comprender la temporalidad de la reproducción y observar cómo varían las concentraciones de hormonas a lo largo del año. Nuestros resultados muestran diferencias en la temporalidad de la reproducción en comparación con lo que se conoce para poblaciones de coyotes en latitudes más norteñas. Aunque se esperaba un único ciclo reproductivo anual, nuestros datos apuntan a que podría haber más de uno, sugiriendo que los coyotes de esta reserva no siempre siguen el patrón esperado. Es decir, algunos individuos de la población podrían estar listos para reproducirse al inicio del año, mientras que otros lo estarían más tarde.

Observar los cambios hormonales a lo largo del año nos permitió identificar patrones claros de su ciclo reproductivo y pone en evidencia la plasticidad de la especie. Esta información es fundamental para entender cómo se regulan sus poblaciones dentro de la reserva. Incorporar este enfoque en la ecología de las reservas también ayuda a desmontar estigmas: ver a los coyotes como parte integral de los ecosistemas que buscamos conservar, en lugar de como una amenaza, permite un manejo más informado y menos antagónico a especies frecuentemente malinterpretadas.

La anécdota: ciencia, manejo y una pregunta incómoda

Durante la presentación de estos resultados en un congreso, entre los asistentes surgió una pregunta inesperada pero que resultó reveladora: si conocemos los ciclos reproductivos de los coyotes, ¿por qué no intervenir (cazarlos) en los periodos clave de su reproducción para controlar las poblaciones? Más allá de la provocación, la pregunta refleja una lógica extendida en el manejo de la fauna, donde el conocimiento biológico se interpreta como una herramienta para el control. Sin embargo, la reproducción es uno de los procesos más sensibles a la presión humana, y alterar estos periodos puede traer consecuencias a la conformación de los grupos sociales animales y generar respuestas compensatorias ante la presión ocasionada por la caza, como puede ser un incremento en la tasa reproducción, lo cual estaría complicando aún más el manejo poblacional, en lugar de facilitarlo.

Algo que también resultó llamativo fue que la pregunta no apuntó a explorar alternativas como la administración de anticonceptivos a coyotes u otras estrategias de manejo, sino directamente a la caza durante el periodo reproductivo. Esto revela una tendencia persistente a pensar el manejo de la fauna desde la eliminación, como si fuera la opción más inmediata o sencilla. Sin embargo, que una medida sea rápida no significa que sea eficaz ni responsable, especialmente cuando se trata de procesos biológicos complejos y socialmente estructurados como la reproducción.

Comprender para conservar: lecciones del coyote

En el Instituto de Ecología (INECOL), estudiar especies estigmatizadas como el coyote nos permite mirar la conservación desde otra perspectiva: no se trata de decidir qué animales merecen estar, sino de entender los procesos que mantienen la vida. Cada ciclo reproductivo, cada cambio hormonal y cada interacción con el entorno forman parte de una red que sostiene a toda la comunidad. Proteger las reservas naturales implica reconocer y valorar a todas las especies que las habitan, incluso a aquellas que no siempre gozan de buena reputación. La naturaleza sigue su curso, se adapta y se reproduce, recordándonos que su equilibrio depende tanto del conocimiento como del respeto que le otorgamos.

 

1 Doctorado en Ciencias 2026 - Posgrado Instituto de Ecología A.C.
2 División de Ciencias Biológicas y de la Salud, Departamento de El Hombre y su Ambiente, Universidad Autónoma Metropolitana
3 Red Biología y Conservación de Vertebrados, Instituto de Ecología A.C.